Cuando uno se rodea de impresentables no puede esperar nada bueno. Por eso, cuando el autobús del Real Madrid se acercaba al Camp Nou, algo que no hacía desde el 2023 por las obras, con los aledaños del estadio llenos de culés, empezaron a llover objetos de todo tipo contra el vehículo que transportaba a los blancos hacia el estadio catalán. Esos idiotas que no tenían nada mejor que hacer en su vida, se cebaron con los cristales que protegían a los jugadores del equipo blanco. Rompieron uno, de hecho. No va sobrada de inteligencia esta panda.
Primer gol en contra
En lo deportivo, el partido no arrancó nada bien para el Real Madrid. De hecho, a los 8 minutos, los de Arbeloa ya estaban perdiendo. Tchouameni había tenido un error garrafal en una entrega, Rudiger había mostrado una evidente falta de contundencia y, fruto de la misma, llegó la falta en la que Rashford hizo el primero. Un lanzamiento que sorprendió a Courtois, seguramente demasiado centrado en su ubicación. De hecho, el Thibaut Prime seguro que la habría sacado. La primera en la frente.
Otro regalo de vergüenza
La actitud de los jugadores del Madrid, con esa falta de intensidad, de ganas y hasta de vergüenza empezaba a palparse de forma peligrosa. De hecho, la jugada del 2-0, que llegó 10 minutos después, fue la imagen palpable de un equipo que estaba en el campo por estar. Sin alma, sin espíritu, con Rudiger dejándose ganar el espacio por Olmo para que Ferran, un delantero del montón, se encontrara solo en el punto de penalti para marcar el segundo. Hasta un niño de 5 años lo habría metido. Y habría retratado a la defensa del Madrid. Si en vez de Trent, Asencio, Rudiger y Fran te dicen que están jugando Chendo (64 años), Sanchís con 60 años, Fernando Hierro con 58 y Roberto Carlos con 53 nos lo creeríamos. Un desastre monumental.
¿Y las estrellas del Madrid? Ni rastro. A Bellingham le estaba pasando el partido por encima, lento en los controles, perdiendo muchos balones, sin una clara incidencia en el juego. Perseguir (y no siempre) a los rivales era lo mejor que hacía. Vinicius, más de lo mismo. Intrascendente, reviendo balones en su costado para luego no desequilibrar. Todo muy previsible. Demasiado. Una patraña de primera parte.
A pesar de no estar a su mejor nivel por aquello de haber vuelto de la lesión, lo cierto es que Courtois firmó varias paradas de valor gol. Le sacó una a Ferran con la pierna izquierda que tenía todas las papeletas de acabar en el tercero.
El Real Madrid no tenía capacidad de respuesta. Falta de espíritu, de hambre, de orgullo. Al menos Trent no se dejó amedrentar cuando esa piara de jugadores locales encabezada por los Raphinha, Fermín o Gavi intentaron pasarse de listos delante de sus narices. Un ramalazo de orgullo al menos. Seguramente el único en toda la noche.
No se puede decir que nos sorprendió la derrota. Básicamente porque los primeros que salieron con el rabo entre las piernas fueron los propios jugadores del Real Madrid. No esperábamos mucho, el problema es que desde el vestuario tampoco. Ahora toca reconstruirse, levantar esto y no volver a repetir una patraña de temporada como las dos últimas. Ya lo dijo Santiago Bernabéu. La camiseta blanca se puede manchar de sangre, barro y de sudor, pero jamás de vergüenza. ESPEREMOS QUE TOMEN NOTA TODOS.