Aruba, una pequeña isla ubicada frente a las costas de Venezuela, es mucho más que un destino de postal. Más allá de sus playas de arena blanca y sus aguas cristalinas, esta isla caribeña calificada por muchos como «la isla feliz» cuenta también con maravillas de la naturaleza y una riqueza histórica y cultural que la llevan a otro nivel. No sorprende que futbolistas como Denzel Dumfries encuentren en Aruba el escenario perfecto para desconectar durante sus vacaciones.
La primera impresión que tienen los turistas cuando llegan a Aruba es que el color del agua no es real. Los tonos turquesa se mezclan con el azul intenso del Caribe y crean paisajes sin filtros, pero que parecen retocados. Playas como Eagle Beach, Palm Beach o Baby Beach son algunas de las más conocidas de la isla, y basta pasar unos minutos en cualquiera de ellas para entender por qué Aruba aparece habitualmente entre los destinos de playa más valorados del mundo.
Los secretos que esconde Aruba lejos de sus playas
Sin embargo, uno de los grandes errores de muchos visitantes es no alejarse de la costa. El interior de la isla guarda algunos de sus rincones más sorprendentes. El mejor ejemplo es el Parque Nacional Arikok, un espacio protegido que ocupa casi una quinta parte de la isla.
Entre sus principales atractivos destacan las cuevas. Algunas conservan antiguas pinturas rupestres realizadas por los primeros habitantes de la isla, mientras que otras sorprenden por los juegos de luz que se crean en su interior. La Cueva de Fontein y la de Guadirikiri son dos de las visitas más recomendables.
Otro de los lugares imprescindibles es Hooiberg, una colina cuya cima está al final de cerca de 500 escalones, pero la recompensa compensa el esfuerzo. Desde arriba se obtiene una de las mejores vistas de la isla, pudiendo observar buena parte de la costa y, en los días más despejados, incluso el continente sudamericano en el horizonte.
Cultura y gastronomía en Aruba
Más allá de la naturaleza, Aruba también tiene una mezcla de culturas que la hacen muy especial. En las calles de Oranjestad, la capital, conviven influencias neerlandesas, caribeñas y latinoamericanas. La gastronomía refleja a la perfección esa diversidad cultural. Los pescados frescos y mariscos tienen un papel protagonista en la mayoría de las cartas. El pargo rojo, el mahi-mahi o los camarones suelen llegar a la mesa acompañados de recetas tradicionales con influencias europeas y latinoamericanas. Entre los platos más conocidos destaca el keshi yena, una especialidad local que consiste en una bola de queso rellena de carne con especias, y que se sirve al horno o al vapor.
Para quienes buscan movimiento y aventuras, Aruba ofrece opciones casi infinitas. El snorkel y el buceo son dos de las experiencias más populares gracias a la transparencia del agua. También hay excursiones en catamarán, rutas en kayak, salidas para explorar arrecifes de coral o recorridos en todoterreno por las zonas más salvajes del interior. Un lugar para perderse donde Dumfries ha establecido su base para descansar y desconectar del fútbol.